Como a través del miedo, el sistema nos controla.
miércoles, 21 de enero de 2009
lunes, 12 de enero de 2009
La degerenación de la crisis de valores
Se habla tanto de educación en los últimos tiempos, se profana tanto el vocablo…se dicen tantas cosas, se presuponen tantas otras. Noto como nuestra generación, es juzgada y sometida a una criba constante. Y ya que todos hablan, ya que todos opinan, desde aquí, desde un espacio dedicado a que los más jóvenes desarrollen su actitud más crítica, quiero decir a que generación me siento perteneciente.
Yo pertenezco a esa generación, donde unos padres enfadados con el pasado, con sus carencias, con las consecuencias de una dictadura represora. Esos mismos padres que no han conocido otra formación que la de trabajar para poder salir adelante, para poder tener, para poder aspirar a un mejor futuro. Unos padres que la mayoría dejaron sus pequeños pueblo de la sierra para venir a la brillante Costa del Sol, por aquel entonces donde San Pedro era un autentico barrio, que hoy ya no es. A la Marbella del glamour, a trabajar.
A trabajar para complacernos, para darnos lo que ellos no han tenido, para que pudiéramos tener unos estudios. Y el que más y el que menos no se podrá quejar porque pocas cosas nos han faltado.
Pero a pesar de ese esfuerzo, hay millones de valores que se han quedado por el camino, millones de principios que se han olvidado. Ahora cuando llevo en este mundo una década y algún año más, cuando comienzo a ver que lo material es pasajero, ahora es cuando puedo ver lo que creo que falta.
Somos la generación de las oportunidades, pero también somos la del desconcierto, de no haber sabido diferenciar cuando nos engañaban a cuando nos han dicho la verdad, de no saber cuando nos han manipulado.
Somos la que ha contribuido al crecimiento de Niké, porque tener unos Niké te hace algo mejor. Porque no vale con tener cualquier consola si puede ser la “Play Station 3” ni vale con tener cualquier coche, si puedo tener un “Audi”.
Los hijos de aquellos trabajadores, hemos crecido, y parece que la mayoría seguimos exigiendo los mismos privilegios que cuando éramos críos.
Otros también exigimos que se nos hubiera hablado de nobleza, de respeto, de una ética moral y unos principios. También hemos intentado ir más allá, saber que pasa detrás de lo que nos hacen ver. Pero considero injusto que se ceben con nuestra generación, porque esta generación solo es el resultado de la historia pasada. Tampoco son culpables los padres. Si culpo al maldito sistema, de habernos corrompido, de habernos programado la cabeza, y encima de ahora creerse en el derecho de desacreditarnos.
Somos la generación a las que se nos enseño que estudiar era la mejor salida, y hoy acudimos a universidades corruptas, viciadas y llenas de tasas y créditos. Universidades que nos forman para ser grandes trabajadores del paro, porque la verdad la relación estudios-trabajo es muy diferente a la que nuestros padres nos contaron.
También somos esa generación que vive inmersa en esta explosión de medios de comunicación, de Internet, de realitys que nos absorben el cerebro, dejándonos carentes de conversaciones.Los que comemos viendo los Simpson y no nos contamos que tal el día, los que llegamos ha casa y nos conectamos al Messenger porque el resto no creemos que sea importante. Los que no leemos el periódico para no enterarnos de tantas penas y los que no sabemos que en la sobremesa aparte de ver la tele también podemos leernos un buen libro
Yo pertenezco a esa generación, donde unos padres enfadados con el pasado, con sus carencias, con las consecuencias de una dictadura represora. Esos mismos padres que no han conocido otra formación que la de trabajar para poder salir adelante, para poder tener, para poder aspirar a un mejor futuro. Unos padres que la mayoría dejaron sus pequeños pueblo de la sierra para venir a la brillante Costa del Sol, por aquel entonces donde San Pedro era un autentico barrio, que hoy ya no es. A la Marbella del glamour, a trabajar.
A trabajar para complacernos, para darnos lo que ellos no han tenido, para que pudiéramos tener unos estudios. Y el que más y el que menos no se podrá quejar porque pocas cosas nos han faltado.
Pero a pesar de ese esfuerzo, hay millones de valores que se han quedado por el camino, millones de principios que se han olvidado. Ahora cuando llevo en este mundo una década y algún año más, cuando comienzo a ver que lo material es pasajero, ahora es cuando puedo ver lo que creo que falta.
Somos la generación de las oportunidades, pero también somos la del desconcierto, de no haber sabido diferenciar cuando nos engañaban a cuando nos han dicho la verdad, de no saber cuando nos han manipulado.
Somos la que ha contribuido al crecimiento de Niké, porque tener unos Niké te hace algo mejor. Porque no vale con tener cualquier consola si puede ser la “Play Station 3” ni vale con tener cualquier coche, si puedo tener un “Audi”.
Los hijos de aquellos trabajadores, hemos crecido, y parece que la mayoría seguimos exigiendo los mismos privilegios que cuando éramos críos.
Otros también exigimos que se nos hubiera hablado de nobleza, de respeto, de una ética moral y unos principios. También hemos intentado ir más allá, saber que pasa detrás de lo que nos hacen ver. Pero considero injusto que se ceben con nuestra generación, porque esta generación solo es el resultado de la historia pasada. Tampoco son culpables los padres. Si culpo al maldito sistema, de habernos corrompido, de habernos programado la cabeza, y encima de ahora creerse en el derecho de desacreditarnos.
Somos la generación a las que se nos enseño que estudiar era la mejor salida, y hoy acudimos a universidades corruptas, viciadas y llenas de tasas y créditos. Universidades que nos forman para ser grandes trabajadores del paro, porque la verdad la relación estudios-trabajo es muy diferente a la que nuestros padres nos contaron.
También somos esa generación que vive inmersa en esta explosión de medios de comunicación, de Internet, de realitys que nos absorben el cerebro, dejándonos carentes de conversaciones.Los que comemos viendo los Simpson y no nos contamos que tal el día, los que llegamos ha casa y nos conectamos al Messenger porque el resto no creemos que sea importante. Los que no leemos el periódico para no enterarnos de tantas penas y los que no sabemos que en la sobremesa aparte de ver la tele también podemos leernos un buen libro
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